domingo, 27 de noviembre de 2011

La epidemia social

Por Mailen Marconi (Periodista)


La “epidemiología social” que Gladwell plantea (al menos para quien escribe), es un fenómeno difícil de digerir. Los humanos estamos acostumbrados a ver nuestra historia – la historia de la humanidad- como un conjunto de procesos lentos, forzosos, intrincados y residuales, que no podrían resumirse en un simple enunciado “las pequeñas cosas que producen grandes cambios”.

Sin embargo en la modernidad, muchas fronteras territoriales e ideológicas han sido derribadas. Las estructuras mentales que delineaban el pensamiento de nuestros antecesores hoy quedan vetustas. Por este motivo, es posible pensar que algunos fenómenos se propaguen de manera epidémica, ya que su factor preponderante –el contagio- ocurre gracias a la gran conexión que en esta época tenemos unos con otros.

Un ejemplo ineludible puede percibirse en las redes sociales, que comunican a personas de todo el mundo. Aunque efímeros y superficiales, estos nuevos modos transmiten informaciones y son un semillero de fenómenos que logran esparcirse a la velocidad de la luz.

Resulta complejo dirimir si estas nuevas redes tienen el potencial necesario para “infectar” realmente a un número considerable de personas con una idea, y que esta traspase los límites digitales y se materialice. Incluso, es difícil sentenciar que Facebook , Youtube y Twitter -entre otros no menos importantes- superarán la barrera del tiempo constituyéndose como elementos ideológicos realmente útiles, en vez de ser canales de comunicación meramente auto referenciales. En este sentido, muchos predicen el fin del soporte escrito, y con él, de la cultura lineal a la que estamos acostumbrados. De ser así, los ciudadanos tendríamos que olvidarnos de los diarios, las revistas y los libros y volcarnos indefectiblemente a la Web, en cualquiera de sus formatos.

Siguiendo con estas predicciones fatalistas, este podría ser el momento clave de las redes sociales. Aquel en el cual el papel comience a escasear, o sea para unos pocos, y la situación obligue a los inmigrantes digitales a cruzar la frontera, nacionalizarse y comenzar a actuar en este nuevo territorio.

Este momento clave, podría marcar el fin de un uso más distendido o poco involucrado de las redes cibernéticas y el nacimiento de una nueva utilización de las mismas, que permitiera sin ninguna duda, el “contagio” de ideas fructíferas, en una gran “epidemia social”.

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